Hace dos años, La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) anunciaba un parón un tanto indefinido; solo decían que necesitaban un descanso y que volverían. Aun así, leer esas palabras siempre asusta: no sabes si en verdad volverán o si es un mensaje que con los meses se volverá una despedida definitiva. Sin saber muy bien lo que sucedería, su público confió en que regresarían.
Un año más tarde, volvieron a las redes, diciendo que el descanso había terminado y que estaban emocionados preparando un nuevo disco, pero que había quien ya no seguiría el camino con ellos. Jacobo no volvería al escenario, pero les seguiría apoyando. Sin duda, siempre que un miembro de una banda se va es triste, pero con el tiempo comprendes que los caminos se separan.
Así comenzaron los anuncios de una nueva gira, el nombre del disco, los nuevos sencillos… El sonido volvía: las melodías, la voz única de David Ruiz, el acordeón de Joselito Maravilla, el saxofón de Alvar. Era un sonido conocido, pero con aires nuevos: guitarras eléctricas, ritmos nuevos influenciados por la producción de Carlos Raya, pero al final La M.O.D.A. estaba de vuelta.
No ha sido un regreso fácil, pues la gira se ha quedado con un sabor agridulce. En más de una ciudad han colgado el cartel de «sold out», abrieron más fechas; era la respuesta de su público, que decía que no les habían olvidado, que les esperó y quería verles en el escenario. Pero esta felicidad se vio opacada por la estafa de Wegow, que se quedó con todos los ingresos de la gira. A pesar de ello, y a pesar de que implica un gasto para ellos, decidieron continuar y hacer la gira programada por España.

¿Y cómo es un concierto de La M.O.D.A. en 2025? Bueno, es como si no hubieran pasado dos años sin verles en un escenario. Una de las paradas de la banda era en la ciudad de Zaragoza los días 5 y 6 de diciembre, con entradas agotadas en el Teatro de las esquinas.
La cita era a las nueve de la noche, las puertas abrían a las 8 p.m., y a las 7:30 p.m. había solo unas cuantas personas esperando a entrar. No como en México, que si llegas a esa hora seguro que te toca estar bastante lejos, pero en esta pequeña ciudad fue suficiente para verles bastante cerca.
En el escenario tienen un montaje detallado: un gran letrero de LA MODA, como si fuera un espectacular en el techo de alguna ciudad, y se complementa con lo que podrías ver en una azotea: un par de antenas, una puerta de entrada, una escalera, unas rejillas de ventilación, que te dan la idea de estarles viendo en esa azotea, como en algún momento lo hicieron The Beatles.
Cuando les ves en el escenario no sabes dónde mirar: si ves a David tocando la guitarra y disfrutando con el público, te pierdes a Alvar tocando el saxo, el clarinete, o bailando mientras disfruta de la música de sus compañeros; si miras a Nacho mientras hace los solos espectaculares de las canciones, no puedes ver la maestría de Joselito tocando el característico acordeón de La M.O.D.A. Y aún falta, porque a lo lejos ves a Jorge tocando el bajo mientras se mueve al ritmo de la música, y si miras al fondo ves a Marina detrás de un teclado o de una guitarra, y a unos cuantos pasos estará Caleb tocando la batería, marcando el ritmo a todos, mientras ve atento al público o se pierde en el ritmo de cada canción. Así que debes de mirar de tanto en tanto a cada parte del escenario para vivir el concierto, para absorber todo lo que transmiten, para verles disfrutar cada canción y sonreír en cada acorde, en cada nota, en cada tecla.

De las mejores sorpresas de la noche es escuchar cantar a Marina en “Hay un fuego” tema en colaboración con Maria Rodes y en “No te necesito para ser feliz”, en la que colabora Rapión, lo que le transmite la dulzura y el poder de tener una voz femenina acompañando a David en cada canción. Y la otra es escuchar a Joselito cantando en “Subiendo como el Chava Jiménez”, la parte en la que colabora Leiva. Escucharle es todo un espectáculo, además de verle sonreír mientras canta lo convierte en un show único.
No sé si fue suerte, si fue la ciudad, o si siempre es así en cada concierto, pero el público de Zaragoza respondió con la misma energía que La M.O.D.A. en el escenario. Cantaron cada canción al unísono, bailaron, saltaron; había momentos en que David les dejaba cantar solos porque era sorprendente escucharles. Tan cálidos y respetuosos son, que cuando Alvar bajó a bailar con todos, le hicieron un círculo para bailar alrededor de él y disfrutar del momento. Sorprende, porque no recuerdo más que en México que canten así. Por eso, es reconfortante y admirable ver que en otras ciudades también cantan y disfrutan de las letras de La M.O.D.A.
Sin duda, ver a La Maravillosa Orquesta del Alcohol es espectacular, es ver que siguen siendo ellos, que su música sigue ahí, que la complicidad entre ellos no se fue, que lo que hacen es con la misma pasión de siempre, y con la misma entrega, y eso reconforta. Así que si tienen la oportunidad de ir un concierto de esta banda, no la desaprovechen, y vayan a tantos como puedan, porque cada concierto es único. Y también no se pierda la oportunidad de adquirir merchandising (que será una buena manera de apoyarles a salir adelante de lo sucedido con Wegow).
Solo esperamos que pronto puedan venir a México, que también de este lado del Atlántico tienen un público que les echa de menos y tienen ganas de disfrutar de su música en vivo.
Texto: Mónica López
Foto: Mónica López y Minerva López
